Berlín, la capital del espionaje

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    Enrique Müller/Especial

    CIUDAD DE MÉXICO, 8 de noviembre.- Cuando una hermosa revolución pacífica logró echar abajo, el 9 de noviembre de 1989, el odioso Muro de Berlín, el símbolo perfecto del fracaso de una ideología importada desde Moscú, John Le Carré, quizás el mejor autor de novelas de espionaje, tomó una decisión radical. Jubiló a George Smiley, su genial agente del Circus, que vio morir a los pies del Muro a su agente Alec Leamas, el espía que surgió del frío y que logró hacer cruzar la barrera de acero y hormigón a su mayor enemigo, Karla.

    Eran otros tiempos y el fantasma de la Guerra Fría y la odiosa barrera habían convertido a Berlín, tanto en la ficción como en la realidad, en la ciudad más cosmopolita en lo que a espías se refiere, una fama que aún sigue presente en el recuerdo colectivo de la flamante capital de Alemania. Pero la caída del Muro y el fin de la Guerra Fría no acabaron con el mundo del espionaje, ni tampoco con la fama de la ciudad.

    Veinticinco años después de la caída del Muro, Berlín se convirtió, según Hans-Georg Maassen, el poderoso jefe de los servicios de contra-inteligencia germanos, en la “capital del espionaje de Europa”. La etiqueta no es gratuita. Desde que estalló el escándalo del espionaje que llevó a cabo (y sigue realizando) la Agencia de Seguridad Nacional estadunidense (NSA, por sus siglas en inglés) en territorio alemán, los agentes de la Oficina de Defensa de la Constitución (BfV), el organismo que dirige Hans-Georg Maassen, y que tiene la delicada misión de descubrir a los enemigos del país que actúan en territorio alemán, llegó a la conclusión de que la zona más turística de la ciudad, la que rodea a la emblemática Puerta de Brandeburgo y donde se encuentran las embajadas de Estados Unidos, Rusia, Francia y Reino Unido, se ha convertido en un centro neurálgico de espionaje electrónico.

    Una investigación confidencial llevada a cabo por tres organismos oficiales, la Policía Federal Criminal, la Oficina Federal de Seguridad y Técnicas de información y el BfV, concluyó que las sedes diplomáticas de EU y de Reino Unido son utilizadas como estaciones de escucha para monitorear todas las llamadas telefónicas que se realizan en la zona. “Si no se han codificados, todos los celulares que se utilizan en la zona corren el riesgo de ser escuchados”, señala el informe.

    Cuando la moderna sede diplomática estadunidense fue inaugurada en la primavera de 2008, el expresidente George Bush (padre) cortó la tradicional cinta y la canciller Angela Merkel tuvo palabras amables para los anfitriones. Desde entonces, cada vez que el embajador en turno recibe a invitados especiales, los invita a visitar la terraza del moderno edificio, que ofrece una vista magnifica sobre el barrio cívico de Berlín, un lugar privilegiado desde donde se puede medir el pulso de la vida política alemana.

    En un radio no mayor a un kilómetro se aprueban las leyes que marcan el destino de la república, se bendice el presupuesto de la nación y la canciller diseña, con sus ministros y aliados, estrategias que afectan a la marcha de la Unión Europea y a su propio país. “Es un lugar ideal para los diplomáticos y también para los espías”, señaló no hace mucho la revista Der Spiegel, al revelar que la moderna fortaleza diplomática, además de servir de eje para fortalecer la inalterable amistad que une a Estados Unidos y Alemania, también se ha convertido en la sofisticada sede de una moderna red de espionaje electrónico amparada por la impunidad que siempre han tenido los servicios secretos en territorio germano y la graciosa cobertura diplomática que ampara a los agentes.

    Alta tecnología

    La embajada cuenta con un sofisticado equipo electrónico instalado en la terraza del edificio que le permite escuchar, monitorear y grabar las conversaciones que se realizan en el corazón político de Berlín. Según un documento de la NSA clasificado como “altamente secreto” y fechado en 2010, en la embajada estadunidense trabaja un exclusivo grupo de espías que obedece al nombre de “Special Connection Service” (SCS) que coopera con la NSA y la CIA.

    Las herramientas de trabajo de este grupo de elite le permiten captar todo tipo de comunicaciones, tanto telefonía móvil, como correos electrónicos, comunicaciones de internet inalámbricas y comunicaciones de satélite. Los sofisticados equipos de rastreo están instalados en la terraza de la embajada y están camuflados con un material especial que impide ver en su interior. Una de las antenas que utiliza el SCS fue bautizada con un nombre apropiado: “Einstein”.

    La moderna embajada británica también esconde secretos en su techo y según la investigación secreta realizada por los tres organismos oficiales, los espías de su majestad utilizan sofisticadas antenas que están protegidas por radomos, una técnica que cubre una antena con el fin de protegerla, pero sin que ello afecte a sus propiedades electromagnéticas.

    Los secretos que albergan los techos de las dos sedes diplomáticas fueron fotografiados por helicópteros que recibieron la orden de sobrevolar ambos edificios, además de otras localidades diplomáticas como el consulado de Estados Unidos en Fráncfort, una medida inédita en la azarosa vida del contraespionaje germano que siempre evitó controlar, o vigilar, a los llamados “países amigos”.

    La sección IV de la Oficina de Defensa de la Constitución que se dedicaba a controlar las actividades de países como Corea del Norte, Irán, China y Rusia, reforzó, a fines del año pasado, su contingente para poner en la lista de observación a los países aliados de Alemania. El organismo también pidió a la embajada de Estados Unidos, una lista completa del personal que se dedica a labores de espionaje y también  una relación de las empresas privadas que colaboran con los espías estadunidenses en territorio germano.

    La iniciativa fue copiada hace un par de meses por el Ministerio de Asuntos Exteriores que envió una nota verbal a todas las embajadas acreditadas en Alemania solicitando una lista de sus espías. La nota fue calificada por un diplomático alemán como una especie de “reprimenda” ante la frustración del gobierno alemán por el constante rechazo de la su principal aliado, Estados Unidos, que ignoró la petición de enviar la lista con el nombre de sus espías activos en territorio germano.

    Alemania también tiene un problema con Rusia y China, dos potencias que tienen desplegados un pequeño ejército de espías cuya misión es obtener información sobre las actividades de la industria, centros de investigación y la oficina de patentes. Los espías rusos, por lo general, gozan de inmunidad diplomática, mientras que los chinos intentan obtener información a través de sus estudiantes becados en Alemania y que realizan prácticas en el campo industrial.

    “En la Guerra Fría Berlín era la capital eterna de los espías” admitió John le Carré, poco después de la caída del Muro. Lo que no sabía el genial escritor es que Berlín sobreviviría a la Guerra Fría como la capital de espías en Europa, tal como lo afirmó el jefe del contraespionaje alemán, Hans-Georg Maassen.


    Post y Contenido Original de : Excelsior

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