Cartas de amor

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    Llegó a mí una carta que redacté a un novio del pasado, a un novio que quise mucho cuando apenas tenía 17 años.

    Me sorprendí al ver mis preocupaciones de ese momento de mi joven vida. Me sorprendí al encontrar, también, rasgos tan míos que no cambiaron con el tiempo. Formas de amar y de entregarme tan únicas que hoy tienen mi sello y mi olor.

    Así, cuando más enamorada estaba del que hoy recuerdo como mi primer amor, me senté a escribir, durante tardes completas, cartas de amor para ese hombre que sería, para ese momento, el gran amor de mi vida.

    Y desmenucé cada uno de mis miedos. Mis miedos juveniles de perder un gran amor, de no poder vislumbrar que el futuro estaría lleno de amores y experiencias nutritivas para mi espíritu. Mis miedos que radicaban en el no imaginado pánico de perder lo que para mí era único e irremplazable, ese gran primer amor.

    Me comprendí en mi más tierna juventud, cuando en el amor no existían tantas imágenes parásitas que hoy llegan cuando recuerdo mi sumario emocional. Comprendí que el amor no sólo tiene etapas, sino vida en cada una de ellas.

    Entendí que el amor duele tanto cuando eres joven, aunque en la adultez no duela menos, porque no lo has alcanzado a experimentar, porque venimos con una letra escarlata en el alma que nos insta a buscarlo como sabuesos desesperados, pero no tenemos idea con lo que nos vamos a encontrar, una vez nos lo topamos.

    Entendí que el amor arde porque es ese primer amor que nos cala hasta en el tuétano, el que nos despierta los miedos más profundos, el que nos cachetea las emociones y nos hace potenciar lo que se lleva en el pecho hacia el futuro.

    Es por ese primer amor que uno sueña hasta tocar las nubes, y por ese primer amor que uno explora sus lados más sensibles. Es por ese amor al que por primera vez uno le entrega el corazón, y por ese amor que se generan los pensamientos más intensos y con ellos el deseo ferviente de ser amada toda tu vida.

    Es con esos primeros amores que uno aprende a soñar y se conoce más como mujer. Es con esos amores de juventud que las primeras barreras se ponen, que la muestra de feminidad ardiente aparece si se nos falta en alguno de nuestros valores.

    Y es por esos amores que, cuando se van, el corazón se destruye. Es por esos sentires que se le agarra fobia al sufrimiento, y por esos amores que se aprende lo que es el dolor del corazón. Ese dolor insensato e intangible que nos abre las heridas que parecían cicatrizadas.

    Es gracias a ellos que uno tiene tantas enseñanzas que con el tiempo se aplican sin darnos cuenta. Es por ellos, esos primeros amores, que aprendemos a amar con freno, con miedo a que los pedazos del corazón, reconstruidos una y otra vez, se vuelvan polvo entre uno y otro sentimiento.

    Pero es por esos amores, tan grandes y nobles amores, que hoy podemos tener un abanico de lecciones, de aprendizajes y recuerdos que nos han entrenado al corazón para ser fuerte, para dejar ir lo que no sirva y esperar con paciencia y esperanza a ese último amor que soñamos con sentir cuando por primera vez nos enamoramos.

    “It takes no time to fall in love, but it takes you years to know what love is…” Jason Mraz.

     

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    Post y Contenido Original de : Excelsior

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