Día 42: ¿dónde están los 43 de Ayotzi?

Día 42: ¿dónde están los 43 de Ayotzi?

Nov 7, 2014 0 Por latlayud

Las marchas de decenas de miles, los disturbios sociales, las protestas ciudadanas, el rebasamiento del gobierno federal y la furia de padres de normalistas desaparecidos continuarán mientras los “43 de Ayotzinapa” sigan desaparecidos.

No nos engañemos: para efectos de localización de los estudiantes, ¿de qué sirve haber capturado a José Luis Abarca y a su esposa, Ángeles Pineda, si ello no garantiza forzosamente que sepan dónde están los ayotzinapos? Cierto: la “pareja imperial” los mandó atacar, pero eso dista mucho de ser un indicativo de que conozcan su paradero.

Día 42. ¿Dónde están los 43 normalistas de Ayotzinapa?

¿Vivos o muertos?

“El gobierno ya está preparando el terreno para decirnos que nuestros hijos están muertos”, advierten padres de normalistas. No sería descabellado: hay abundantes declaraciones ministeriales de sicarios de los Guerreros Unidos, publicadas en varios medios, que revelan la suerte que corrieron los normalistas: levantados, ejecutados, quemados y enterrados.

Todos queremos —con excepción de unos cuantos— que los normalistas regresen con vida. Sin embargo, no debemos —al menos los periodistas— alimentar falsas esperanzas. Ello sería aún más cruel para sus padres.

Por eso resulta condenable, y hasta irresponsable, que el gobernador sustituto de Guerrero, Rogelio Ortega —sí, quien a su llegada a Chilpancingo calificó al defenestrado Ángel Aguirre de “seductor, coqueto, carismático, de sonrisa fácil y bohemio”— asegure que “hay indicios” de que los normalistas están vivos.

¿Cuáles son esos “indicios” de Ortega? “Así me lo dicen sus compañeros normalistas”, responde el nuevo gobernador. ¡Vaya insensatez! Darle forma de “noticia” a un deseo de los estudiantes por ver de nuevo a sus compañeros. Bien haría Ortega en ponderar más sus declaraciones.

Aún más: Ortega aseguró que en el caso de Iguala “lo peor ya pasó”. Pedazo de declaración. Que vaya el gobernador con los padres de los normalistas asesinados y desaparecidos, que se los diga de frente y a ver a dónde lo mandan.

Ante las protestas multitudinarias –en la marcha del miércoles pasado en el DF se calcularon más de cien mil manifestantes–, las durísimas críticas en la prensa extranjera al gobierno mexicano, el desplome de la imagen presidencial y la incertidumbre que vive el país, el desgaste de la administración peñista ha sido brutal. No sólo se advierte un arrinconamiento, sino también una falta de respuesta contundente ante la crisis por Ayotzinapa.

Cómo estarán las cosas que hasta Ernesto Zedillo —ponderado y discreto siempre— hizo una severa crítica al momento que vive el país. Dijo el expresidente de visita:

“México está muy mal en Estado de derecho y la corrupción muestra la debilidad de este principio. Tenemos que hablar con toda sinceridad porque estamos mal, muy mal… ”.

La crítica de Zedillo era lo único que le faltaba al gobierno de Peña Nieto, urgido de apoyos nacionales e internacionales. Lo grave es que Zedillo tiene razón.

Y conforme las horas transcurren, las revueltas sociales aumentan.

La marcha del miércoles pasado no sólo ha sido una de las más numerosas de la historia, sino de las que mayor indignación y furia han reflejado. La desaparición de los normalistas ha unido a millones y mal haría el gobierno en soslayar brotes de inconformidad social.

“No nos interesa a cuántos agarren, a nosotros lo que nos interesa es que nos regresen a nuestros hijos… ”,  expresaron los padres de los normalistas durante la marcha de Los Pinos al Zócalo.

“Hoy queremos decirle a las autoridades y al crimen organizado que ya no tenemos miedo… ”, advirtió desde el templete uno de los normalistas de Ayotzi. La historia nos ha demostrado que cuando el miedo queda rebasado, los gobiernos tiemblan.

Y si lo anterior es preocupante, otra advertencia de los padres está comenzando a calar hondo en el gobierno, particularmente en la PGR: la desconfianza.

“No les creemos nada… solamente haremos caso a los peritos argentinos”, sentenciaron ante el Zócalo lleno.

A la ira de los padres de familia y de decenas de miles de manifestantes, se suman ahora los disturbios sociales.

Ese miércoles de furia, ya por la noche, encapuchados quemaron parte de la estación Ciudad Universitaria y un vagón del Metrobús. Mucho cuidado con los disturbios en el corazón del país: podrían ser el inicio de revueltas que se extiendan.

Y mientras no se encuentre a los normalistas —vivos o muertos—, el clima social en México continuará en franco deterioro, con convulsiones populares, protestas, marchas, reclamos y cinismos.

Hoy por hoy, en el mundo, de México ya no se habla por las reformas. Se habla por la violencia.

                Twitter: @_martinmoreno

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Post y Contenido Original de : Excelsior