El COI no ve, no oye, no habla…

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    Cuando el Tribunal Superior del Deporte (TAS) decidió a favor de que Oscar Pistorius participase en los Juegos Olímpicos de Londres, en el Comité Olímpico Internacional (COI) se escuchó un estruendoso silencio. Todo el peso de la decisión gravitó sobre la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF), que tuvo que acatar la orden superior.

    El objetivo de Pistorius enfrentó a dos esferas, una de carácter legal y otra científica. El TAS no sólo pasó por encima de las reglas de la IAAF, sino que además despreció el enfoque de los científicos de la Universidad de Colonia en el sentido de que las cuchillas de fibra de carbono, las sheetas, le proporcionaban ventaja. La IAAF prohíbe el empleo de aparatos mecánicos: en consecuencia, su participación en Londres rompe con las reglas del juego.

    Hace unos días el prestigioso escritor y periodista británico John Carlin —quien estuvo muy ligado a Nelson Mandela; autor de El Factor Humano, que pasó a la pantalla como Invictus, en el que se revela cómo el mandatario logró la reconciliación entre negros y blancos en Sudáfrica—, en un documentado artículo sobre Pistorius anuncia que escribirá un libro sobre los últimos acontecimientos que han llamado poderosamente la atención de la esfera deportiva internacional.

    El libro, sin duda, acaso tendrá dos vertientes atractivas, la tarea de minuciosa investigación profesional periodística de Carlin, y el morbo que despertará entre miles de personas.

    El autor expresa que lleva año y medio en el libro y afirma, y seguramente nadie se lo discute, que él “sabe más sobre el caso que la gran mayoría del resto de los mortales”. Sólo que él, al igual que cualesquier otra persona, no estuvo ni presenció el instante del acontecimiento y, en consecuencia, sobre ese punto nadie lo podrá hacer; casi como pretender hablar con autoridad sobre la cara oculta de la Luna. Quitemos a quienes han visto una foto.

    Esa limitante humana que ya él la expresó, la duda, ya la había manifestado Harper Lee en la voz de Atticus Finch en Matar un ruiseñor: “Lo sé …. pero en ausencia de testigos oculares siempre queda una duda, a veces sólo la sombra de una duda. Siempre existe la posibilidad, por improbable que sea, de que el acusado sea inocente”.

    No es la intención de tocar el punto controversial y que generará discusiones sin fin —nadie posee la respuesta concreta ni se avanzará un paso—: ¿disparó intencionalmente?

    Y hay cosas tan evidentes como la siguiente: ¿Cómo le hizo Pistorius para acertar cuatro disparos, uno de ellos en la cabeza de Reeva Steenkamp y tres en el cuerpo, al través de una puerta cerrada? Segura y probablemente por los gritos. La ubicó con precisión. Esta expresión puede ser rechazada. ¿Cómo demostrar la intencionalidad si nadie presenció el acontecimiento? Y más aun no hay que olvidar que los sentidos nos engañan.

    En esta enorme ola pasa casi inadvertido el pronunciamiento del Comité Paralímpico Internacional. Lejos de la reducción del castigo por la vía legal, Pistorius no podrá competir en los próximos cinco años. El COI tiene el deber de emitir un punto de vista eminentemente deportivo. La presencia de Pistorius daña al atletismo. ¿Por qué esta única excepción? ¿Qué lo frena? El COI lleva meses como los monos sagrados del templo de Jysyasu, en Nikko: No ve, no oye, no habla. Lamentable.

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    Post y Contenido Original de : Excelsior

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