El mito del que nació México

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    MÉXICO, D.F. (apro).- Qué tan cierto es el mito fundacional de la Ciudad de México-Tenochtitlán, que habla de la peregrinación de los aztecas, salida de Aztlán que llegó al sitio donde un águila, posada sobre un nopal, devoraba una serpiente.

    Y dice también que en su largo andar pasaron periodos de larga estadía por diferentes sitios, entre ellos Pátzcuaro y Malinalco, donde abandonaron a sus ancianos y dejan también a Malinalxóchitl, hermana de Huitzilopochtli.

    Para bordar sobre ese mito, fundamental en la historia misma de México, el antropólogo y etnólogo Luis Barjau Martínez, autor de País de la serpiente, entre otros libros, y actual titular de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ofreció la conferencia magistral: “Análisis del mito y símbolos fundacionales”.

    Con esa ponencia participó en el ciclo La Plaza Principal, su entorno y su historia, que cada dos jueves se lleva a cabo en el Auditorio Eduardo Matos Moctezuma del Museo del Templo Mayor (Seminario 8, Centro Histórico), y concluirá el próximo 4 de diciembre.

    En cerca de cincuenta minutos, Barjau habló del mito de la peregrinación azteca, que significó entre otros aspectos la transición del nomadismo al sedentarismo de este grupo fundador de Tenochtitlán.

    Y partió de la idea de que, en general, los mitos explican este tipo de acontecimientos: el origen de la tierra, de la vida, de los animales. Subrayó además que “lejos de ser mentira como señala la racionalidad de hoy”, los mitos son “la verdad verdadera”.

    Quedan grabados en sus historias los hechos más íntimos de la memoria, sólo que con un lenguaje figurado o indirecto que oculta aquella verdad. Es un lenguaje lleno de símbolos para el conocimiento especial de los grandes sacerdotes de la religión, destacó el antropólogo.

    A decir suyo es común que el mito oral se convierta en literatura cuando alguien lo escribe, pero aclaró que en México no se dio ese proceso porque la literatura mexicana es un trasplante de la literatura española y hasta hoy sigue intacto el corpus mítico que dé pie a la fundación de una literatura local. Y sin embargo, agregó que el mito prehispánico ha quedado impreso en las crónicas históricas del siglo XVI, aunque no fueron escritas por sus protagonistas sino por los españoles o por indígenas castellanizados.

    Para Barjau es claro que los mexicanos salieron en peregrinaje de un punto ubico ancestral y esencial del norte del continente, un punto que debe considerarse como iniciativo “prístino de la historia de la humanidad, según concebían los aztecas”.

    El propósito de su peregrinación fue alcanzar un destino final para desarrollar su sociedad. Y tuvieron una guía divina, una deidad que en sueños les marcó la ruta. Fue Mezitin desdoblado posteriormente en Huitxilopochtli, quien fue inicialmente un hombre que alcanzó el liderazgo y de ahí su deificación.

    Los peregrinos traían consigo el símbolo de arraigo que a la vez era un fetiche a enterrar, elemento esencial del dios: el corazón de Copil, quien era familiar del dios:

    “Consumada la implantación del símbolo, los mexicas instauraron la guerra para someter a las naciones próximas, proceso que desarrollaron con éxito durante su historia hasta ser vencidos por los españoles en 1521.”

    Luego de la caída de México Tenochtitlán y, años más tarde, de la independencia de España, “el símbolo concentrado ondea hoy la bandera nacional”, dijo Barjau y añadió:

    “La fundación mexica resultó así, una voluntad de sobrevivencia, de lucha y de poder contra un entorno plagado de pueblos ancestrales, que rechazaban decididamente la sedentarización de los advenedizos. Una voluntad que se convirtió en la metrópoli central y superior del vasto territorio mesoamericano.

    “Fundar la ciudad en la adversidad pura tuvo la resonancia de poner los cimientos de un nuevo país a pesar de la tortuosa historia mexicana, un nuevo país, en el concierto de las naciones.”

    Antes de la conferencia Barjau, el historiador Carlos San Juan preguntó qué le dice el mito fundacional al hombre desencantado de hoy:

    “Qué le puede decir a este hombre contemporáneo que desde el siglo XIX una tradición critica lo descubre en el malestar de su cultura.”

    Machacó:

    “Cuando la Plaza Mayor se usa sin conciencia mínima de sus trascendencias, ya sea como parque temático, foro musical o estacionamiento, quiere decir que nos acercamos a un vaciamiento extremo del sentido, al menos –seamos optimistas– en las muy reducidas élites que lo malo es que nos gobiernan, escuchemos e insisto ¿qué tiene que decir el mito a este hombre vacío y hambriento?

    Post y Contenido Original de : Proceso

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