“En esencia fui y soy un periodista”: Rubén Blades

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    Víctor Manuel Torres

    CIUDAD DE MÉXICO, 25 de octubre.- “Lo que yo hago son cuentos cortos o mini-novelas cantadas”, dice en entrevista para Excélsior el músico, actor, jurista y político panameño Rubén Blades, uno de los más destacados artistas iberoamericanos, quien, a sus 66 años —cumplidos el pasado 16 de julio—, no para de trabajar: dice que tiene cinco producciones discográficas entre manos (una terminada, cuatro en proceso), que quiere publicar su autobiografía, que alista un libro con las letras de sus canciones que aparecerá en un par de años, que lee “siete libros a la vez” —porque es la única manera de leer todo lo que le interesa— y que actualmente, además de preparar su segunda campaña como candidato presidencial de su país (las elecciones se llevarán a cabo en 2017), está editando su primer poemario.

    En sus respuestas, que brinda a través de correo electrónico, se da tiempo, de manera puntillosa y clara, para defender el papel cultural que ha
    desempeñado la salsa en el mundo hispanohablante, para señalar el comportamiento comercial inadecuado que tuvo el sello Fania (la casa discográfica más exitosa de la música caribeña); también para abordar la agenda educativa dentro de la llamada Alianza del Pacífico y para elogiar la buena educación del público mexicano.

    El compositor, quien ha ganado seis premios Grammy y que ha legado al mundo de la música salsa un sinfín de éxitos “más escuchables que bailables” como Pedro Navaja, Plástico o Ligia Elena, que culminó sus estudios de leyes en Harvard en 1985 y que en 1994 compitió por la primera magistratura de Panamá cobijado por el Movimiento Papa Egoró, será el encargado de cerrar mañana, en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas, la edición número 42 del Festival Internacional Cervantino.

    ¿La salsa es un género o un movimiento social?

    Hace cuatro décadas, se le menciona a Rubén Blades, la música llamada salsa representó no sólo un movimiento musical, sino social. “Eso es correcto
    —responde categórico—, ya que la música popular representa un argumento social”.

    Es natural que esta perspectiva haya girado, ¿pero hacia dónde, qué es la salsa hoy, qué representa para el público? ¿Es quizá únicamente una tradición que a su vez se nutrió de otras tradiciones musicales o ya sólo es un género musical?

    “Continúa siendo un género musical que puede ser interpretado a través de distintas perspectivas: medio que sirve de escape, medio que informa, medio que confronta realidades, medio que ofrece propuestas, medio que documenta la existencia urbana a todos los niveles, medio que aporta a la cultura nacional”, responde con precisión.

    Parteaguas musical y opinador incómodo

    Considerado como un músico que revolucionó en los años 70 del siglo pasado la manera de hacer salsa, sobre todo por sus arreglos y letras —algunos llegaron a tildar su música como “salsa intelectual”—, se le pregunta si piensa que este género ya se agotó, si dejó de cumplir alguna misión que fue musical, pero también social —de hecho Blades fue uno de quienes le dio esa característica. “No se ha agotado su posibilidad
    —explica—, porque en el sector popular aún existe el deseo de identificarse con su entorno. La necesidad de expresión artística urbana en general, de todas las capas sociales, continúa”.

    A Rubén Blades le parece que la costumbre de identificar a un medio artístico como el de mayor importancia “es lo que lleva a la equivocada presunción de que la salsa ya no es importante. Sí, no se escucha en la radio comercial con el mismo nivel de frecuencia de otras formas comerciales de música popular (corridos, bachata o reguetón), pero sigue siendo escuchada, no sólo en América, sino en el mundo entero”.

    Y específicamente sobre su importante papel en el ámbito de la música afroantillana, se le recuerda que alguna vez el periodista caraqueño César Miguel Rondón (quien según el presidente Nicolás Maduro “malinformó” a Blades sobre la situación actual en Venezuela, lo que generó una crítica pública del compositor) dijo que en 1979, “cuando el boom de la salsa giraba ya su última curva” en el concierto llamado “La perfecta combinación de la salsa”, el propio Rubén Blades “definió el nuevo rumbo” de este género.

    ¿Maestro Blades, usted sintió alguna vez que llevaba el timón del movimiento musical llamado “salsa”? ¿Quién más condujo ese timón? ¿Quién lo lleva ahora?

    —Creo que el tiempo se encargará de explicar y justificar cualquier especulación sobre la responsabilidad de la definición de “nuevos rumbos”. Lo cierto es que, como señaló Gabriel García Márquez, en esencia fui y soy un periodista, una especie de cronista de la realidad urbana. Eso hizo que con mis canciones aumentara el círculo de apoyo al género. Mi trabajo produjo el ingreso a la salsa de un nuevo número de personas quienes, a pesar de no bailarla o de vivir en una condición económica o social distinta, se identificaron con las crónicas, historias y argumentos que planteaban mis canciones, desde una perspectiva humana y no ideológica. De pronto la gente no sólo bailaba sino que escuchaba. No es raro ver en clubes a la gente de pie escuchándome, en vez de estar bailando. Aún ocurre en las presentaciones públicas. La gente escucha mis canciones que representan, en realidad, un cuento corto cantado o una
    mini-novela cantada”.

    “No fui el único”

    En la creación de letras para la salsa, explica Blades, ha habido excelentes compositores en el plano latinoamericano e incluye, entre ellos, a Tite Curet Alonso, Alí Primera, Chico Buarque de Hollanda, Marcos Valle, que “han tocado la realidad urbana” y se han preocupado por “dotar de buenas historias” a la música popular. “No fui el único. Sólo que en el medio de la salsa casi nadie abordó el argumento desde una perspectiva política y la mayoría se quedó inicialmente en el ‘vamos a bailar, vamos a gozar’ comercial, que les garantizaba acceso a la radio y a clubes de baile”.

    Pero Blades venía de Latinoamérica y además era ya un abogado. “Pocos latinoamericanos, latinos nacidos en América Latina —dice— participaron inicialmente en el proceso creativo de la salsa en Nueva York, como escritores. Llegué a Nueva York formado como panameño y como latinoamericano, con una perspectiva política y experiencia en situaciones que escapaban a la realidad del americano-latino en Estados Unidos, que nunca había experimentado un toque de queda o una dictadura militar”.

    Fania, firma irrespetuosa

    A finales de los años 60 del siglo pasado, el sello Fania Records irrumpió en la industria discográfica de tal manera que su impacto perdura hasta nuestros días. De la fecha en que apareció el sello al día de hoy, se le pregunta su opinión acerca de cómo ha cambiado la industria del disco. “En cuanto a su apoyo a la música de salsa, su impacto fue tremendo —enfatiza Blades— y no hay duda de que es el sello responsable por el reverdecimiento del argumento afro-cubano y del nacimiento del movimiento de salsa en Nueva York. Por esa parte, todos le estamos agradecidos.

    “El problema es que el aporte de nosotros los músicos, creadores y ejecutantes, no fue debidamente respetado y correspondido como debía económicamente por la compañía Fania. Su periodo de boom se caracterizó por la manera irrespetuosa como fueron tratados los músicos de esa era; también en el mercado estadunidense se dieron esos mismos abusos”.

    Lee a Faulkner, a Gabo, a Camus

    Considero que usted es un músico excepcional, pero creo que esencialmente es un letrista, ¿nunca se interesó por entrar al mundo literario publicando algún libro de relatos, de poesía, una novela? ¿No piensa hacerlo cuando menos con su autobiografía?

    —Pienso hacerlo en el futuro próximo. Escribir sobre mis experiencias en la música, en el cine y en la política. Estoy poniendo en orden para próximamente publicar un libro con las letras de mis canciones, en el 2016. Actualmente estoy editando mi primer libro de poesías.

     

    En ese sentido, se le cuestiona al músico panameño qué autores han nutrido su mundo imaginativo, qué escritores han influido en sus letras e incluso qué está leyendo actualmente. En sus respuestas se evidencia la familiarización que posee con el mundo literario, pues al mencionar a sus autores favoritos omite el nombre de pila: “Estoy releyendo los textos periodísticos de (Gabriel) García Márquez; leyendo las obras de (William) Faulkner (ahora empecé Sanctuary, acabo de terminar A light in august), estoy leyendo Why we fight, de (George) Orwell; también estoy leyendo a (Mario) Vargas Llosa. Leo cerca de siete libros a la vez. Es la única manera de poder leer todo lo que deseo. El Yoknapatawpha County de Faulkner, el Macondo del Gabo y mi Hispania, de Maestra Vida están conectados. (Albert) Camus es uno de mis escritores favoritos”.

    Pero Blades también es conocido por el hecho de que ha grabado con éxito al lado de músicos de distintos géneros y ha creado e interpretado son, son montuno, guaracha, guaguancó, bolero, vallenato, etcétera, como una prueba irrefutable de su talento, curiosidad y evolución musical. Sólo le faltaba el tango y es precisamente ese el género que usó para grabar su más reciente disco, haciéndole arreglos del género sudamericano a algunas de sus canciones más conocidas. Esa producción, de hecho, llamó tanto la atención de la crítica, que ya está nominada en dos categorías al Grammy Latino 2014.

    “Siempre agradezco que se interesen por lo que hago —asegura—. El disco ha sido muy bien recibido. Tengo varios discos ya grabados, uno de ellos con el grupo vocal brasileño Boca Livre, en donde revisamos 12 temas míos en español con cinco traducidos al portugués.”

    Política, educación
    y espiritualidad

    En la llamada Alianza del Pacífico (entre México, Colombia, Chile y Perú) está incluida, por primera vez, una serie de actividades conjuntas en el ámbito cultural y educativo. Para alguien que ha sido no sólo candidato a la presidencia de su país sino además funcionario (Blades fungió de 2004 a 2006 como ministro de Turismo en el régimen de Martín Torrijos) es inevitable estar familiarizado con temas políticos.

    “Es importantísima (la Alianza del Pacífico). En el fragor de la lucha por crear más paridad económica —lamenta— se han ido descuidando temas importantes como la calidad de vida en nuestra sociedad y el de la necesidad de cultivar y de crear un espíritu sano. La cultura debe ser atendida, la espiritualidad debe ser estimulada.

    “Lo importante —explica— es establecer y definir metas necesarias y posibles de ser realizadas. Cuando se trata de iniciativas entre naciones soberanas es importante encontrar ese terreno común que permita claridad de propósitos y de ejecución y no la paralicen por nacionalismos mal aplicados.”

    La preocupación política de Rubén Blades no es reciente, nació prácticamente con su debut artístico.

    De hecho, en 1980, para Canciones del solar de los aburridos, en mancuerna con Willie Colón, compuso el tema Tiburón, que respondía en la parte final de los años 70 a la solidaridad internacional que reclamaba El Salvador, nación que libraba una batalla sangrienta en contra de la llamada expansión imperialista de Estados Unidos.

    A estas fechas, ¿el tiburón sigue acechando?

    —El tiburón representa una metáfora del mal, no sólo del imperialismo. Los tiburones no sólo pueden ser entes extranjeros. Los tenemos también dentro de nuestra propia tierra, como mutaciones del ideal cívico, patrio. Más daño hace el tiburón nacional, porque socava desde adentro la fundación de la confianza nacional en nuestra capacidad de respuesta, porque se traga lo que no es suyo, o entrega a un poder foráneo nuestros recursos, hipoteca nuestra probabilidad y disuade nuestra confianza en el sistema político-administrativo nacional, que necesitamos para enfrentar a los tiburones de afuera”.

    Planes y realidades

    Antes de finalizar la entrevista, se le pregunta a Blades qué proyectos musicales trae entre manos. Su hiperactividad es manifiesta: “Un disco de salsa con la orquesta panameña de Roberto Delgado, lo estoy terminando. Un disco de bossa nova con Boca Livre, del Brasil, ya terminado. Un disco de son cubano con mi alter ego, “Medoro Madera”, al que le falta la voz solamente. Un disco de boleros con Editus (ensamble de Costa Rica), en creación. Un disco de rock (en creación). Eso al momento”.

    Mañana, el creador de canciones como Maestra vida, La rosa de los vientos, Desapariciones, Creo en ti y Vino añejo, entre muchas otras, será el encargado de clausurar en Guanajuato uno de los festivales culturales más importantes del mundo (y quizá el más importante en el ámbito hispanohablante). Al respecto, Blades asegura sentirse muy honrado de que lo consideren y lo inviten a un festival “de tal envergadura”.

    ¿Qué de especial tiene, desde su punto de vista,
    el público mexicano?

    —Primero, México es una de las naciones con mayor población en América Latina. Eso inmediatamente lo convierte en un receptor importante; segundo, es un pueblo educado y por eso mis letras tienen una mejor posibilidad de ser apreciadas y apoyadas; tercero, fue una de las primeras plazas que visité cuando recién empezaba mi asociación con (el salsero neoyorquino) Willie Colón. Desde el punto de vista sentimental y desde el punto de vista comercial, México representa un lugar completamente necesario para mí, como artista y como persona.

     

    Blades se da tiempo para rematar con humor sutil a la última pregunta del reportero, acerca de la canción que compuso en los años 70 para el salsero boricua Ismael Miranda titulada Las esquinas son y cuya letra alude a las esquinas de las calles, que solían ser idénticas en su dimensión comunitaria en todos los barrios populares de ciudades latinoamericanas.

    Maestro, ¿las esquinas siguen siendo iguales en todos lados?

    —Hasta que descubramos las otras dimensiones y formas geométricas que todavía faltan por hallar en el universo, así será, siempre.

     

     

    Post y Contenido Original de : Excelsior

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