Evocaciones del último de Los Vikingos

Evocaciones del último de Los Vikingos

Nov 16, 2014 0 Por latlayud

José Luis Guízar Abarca, presidente del Colegio de Abogados Penalistas de Jalisco, tiene una carrera singular: En los ochenta, cuando empezaba a litigar, aceptó llevar el caso de Rafael Caro Quintero quien, dice, era una persona “generosa”, aunque luego lo dejó. Sin embargo, elude el tema y prefiere evocar su juventud con la pandilla Los Vikingos, del barrio de San Andrés, que a finales de los sesenta combatió frontalmente a la FEG.

Autoproclamado como “uno de los últimos vikingos”, en alusión a la famosa pandilla del barrio de San Andrés que a finales de la década de los sesenta se alzó contra de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) en tiempos de la intolerancia contra la juventud y los movimientos sociales, José Luis Guízar Abarca manifiesta su preocupación por la violencia actual.

Los Vikingos, recuerda, ganaron fama por confrontar a la entonces poderosa FEG cuando esta organización perseguía, golpeaba y disparaba a quienes pretendían romper el cerco del control estudiantil ejercido en la Universidad de Guadalajara y en secundarias oficiales de la zona metropolitana; tenía todo el apoyo del aparato gubernamental.

Cuando formaba parte de ese grupo, dice, las áreas de inteligencia de los gobiernos federal y estatal tenían un gran equipo. Menciona a Miguel Nazar Haro, jefe de la Dirección Federal de Seguridad y a uno de los más temibles jefes policiacos del país

“Ellos conocían nombres, domicilios. Tenían la información de todo tipo; sabían a qué se dedicaba cada uno de los disidentes. Cuando había una manifestación, ya sabían quién la encabezaba. Pero esos controles se perdieron; en el peor de los casos ahora esos controles están al servicio de la delincuencia”, agrega.

Lo que sucede en Guerrero, Jalisco y muchas otras partes del país tiene similitudes con aquella época. Hoy, dice el entrevistado, quien es el presidente del Colegio de Abogados Penalistas de Jalisco, no se puede pensar en la desaparición de 43 normalistas en Iguala sin considerar los 2 mil 300 extraviados o secuestrados aquí.

Durante su quehacer profesional, Guízar ha tenido clientes de todo tipo, incluido Rafael Caro Quintero, el líder del extinto Cártel de Guadalajara, a quien defendió durante algún tiempo.

En fechas más recientes le tocó defender a un grupo de piperos de Petróleos Mexicanos acusados de presunto robo de hidrocarburo, así como presentar una demanda contra la empresaria Angélica Fuentes –esposa del dueño de Las Chivas, Jorge Vergara– por falsedad de declaraciones.

De complexión delgada, bajo de estatura, bigote abundante y pelo entrecano, mirada expresiva y discurso vehemente que acompaña con las manos, José Luis Guízar recibe a Proceso Jalisco en sus oficinas.

El colegio que preside Guízar es un inmueble de dos pisos, pintado de verde y blanco, ubicado en la avenida Felipe Ángeles, en el oriente de Guadalajara. Semeja un plantel escolar que está en proceso de remodelación, e incluye una sala de simulacros para juicios orales que deberá estar lista en las próximas semanas.

Ese foro, dice, se construye debido a la lentitud y la falta de capacitación de los litigantes sobre los retos que plantea a los abogados y a los jueces el Nuevo Sistema de Justicia Penal. Hoy, se queja el entrevistado, Jalisco ocupa uno de los últimos lugares en el desarrollo de la infraestructura y capacitación de personal.

La finca que alberga al Colegio de Abogados Penalistas también tiene otras historias. En julio de 2010, por ejemplo, fue testigo del asesinato de Marco Antonio Ontiveros Banda, coordinador de Seguridad de la Dirección General de Prevención y Readaptación Social de Estado de Jalisco.

Ontiveros asistió el 2 de julio de ese año a una reunión de trabajo al inmueble, donde fue ejecutado por un sujeto justo cuando estaba a punto de abordar su vehículo. Al principio corrió la versión, nunca confirmada, de que la ejecución estaba relacionada con el autogobierno al interior del penal de Puente Grande.

“Vino esa persona (Ontiveros Banda) y saliendo de aquí lo mataron, y él traía quien lo cuidara. Yo ando siempre solo y sé que el día que me toque de ahí no paso. Si me dedico a esto, tengo que saber a qué le tiro. A mí me gusta mucho mi carrera; no le miento a mis clientes, mi familia anda conmigo, viene aquí al despacho y me acompañan a todos lados”, comenta Guízar.

Las paredes de su oficina están tapizadas de fotografías, entre ellas una de Edson Arantes do Nascimento, Pelé, a quien, dice, él mismo y un amigo invitaron a jugar a Guadalajara. Hay otra en la que Guízar aparece en un certamen de oratoria junto Guillermo Cosío Vidaurri, años antes de que éste ganara la gubernatura.

A la entrada de la finca aparece una lona en la cual Guízar aparece junto al gobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz y la su padre, el magistrado Leonel Sandoval Figueroa, quien recientemente fue cuestionado por su intromisión en el seno del PRI.

Desde hace semanas, Sandoval Figueroa enfrenta al menos dos solicitudes de instauración de juicio político en el Congreso local: la que promueve una agrupación de abogados de la entidad y la de uno de los sindicatos de Poder Judicial que incluye a los otros 32 magistrados del Supremo Tribunal de Justicia, incluido su presidente, Luis Carlos Vega Pámanes.

En el segundo caso, los sindicalistas se inconformaron por el desvío de más de 6 millones de pesos para el reparto de bonos de los magistrados, así como por los bajos sueldos que perciben y las pésimas condiciones en que realizan sus jornadas laborales (Proceso Jalisco 522).

Sandoval Figueroa, sostiene el entrevistado, fue su compañero de estudios en la Preparatoria 3 de la Universidad de Guadalajara. En esa época, el padre del gobernador fue apodado El Astroboy, como aún lo llaman sus conocidos.

Un caso singular

José Luis Guízar, quien lleva 34 años de ejercicio profesional, se especializó en derecho penal, retoma el asunto de  Caro  Quintero,  detenido  en San José de Costa Rica en 1985, luego del asesinato de Enrique Camarena, agente de la agencia antidrogas estadunidense.

Cuando el antiguo líder del Cártel de Guadalajara recuperó su libertad a principios de agosto del año pasado –después de un controvertido proceso que provocó la irritación de Estados Unidos que de inmediato pidió la extradición– Guízar ya no era su defensor.

“Aunque el señor fue juzgado por la muerte de Camarena, quien no tenía ningún cargo en el gobierno federal de Estados Unidos. Entonces, el juicio contra Caro Quintero era del fuero común y debió llevarse en tribunales del fuero común, no del ámbito federal. Ahí se equivocaron las autoridades”, comenta el entrevistado.

Además de los errores procedimentales, el proceso se contaminó políticamente, de ahí que el capo haya estado en prisión casi 30 años. Finalmente, Caro recuperó su libertad y estaba entero.

“La cárcel no lo dobló, en lo físico y en lo mental, él salió muy bien y con toda la noción de no volverse a meter en problemas. Yo platiqué con él y no es como las fotografías que sacan los medios. Él estaba sin bigote, fornido, físicamente bien constituido. Es un hombre fuerte, alto; no representa la edad que tiene, parece de 38 o 40 años”, asegura Guízar.

Y aunque declina dar detalles sobre las supuestas excentricidades de Caro Quintero –regalar autos nuevos e incendiarlos para demostrar su poderío, así como sus desavenencias con mujeres a las que conocía, incluida Sarita Cosío, la sobrina de Cosió Vidaurri con quien huyó a Costa Rica– Guízar dice que su excliente era un narcotraficante generoso, pues “ayudaba a muchas personas”.

Con sus abogados, Caro siempre se mostró respetuoso, a pesar de sus años de cárcel. Solía decir. “El abogado no es el niño Dios; es un hombre como cualquiera, y nunca va a hacer milagros”.

En Puente Grande, sus compañeros de cautiverio recuerdan que en una ocasión Caro buscó al director del penal y le advirtió que no le tuviera miedo, que sólo quería hablar con él.

“No se supo qué platicó con el responsable del penal; sólo trascendió que se hizo en temporada de invierno, cerca de una Navidad. Después de ese encuentro, a todos los reos les mandaron una cobija nueva.”

Tenía voz de mando. Los cargos que se le imputaban era privación ilegal de la libertad, homicidio calificado, asociación delictuosa, delitos contra la salud, en su modalidad de cultivo, cosecha, transportación y tráfico de estupefacientes.

Caro estuvo encarcelado en el penal de máxima seguridad de La Palma, en Almoloya de Juárez, hasta 2004, seis años después fue trasladado al Cefereso II de Puente Grande, donde permaneció hasta 2010. Luego fue trasladado al reclusorio estatal, de baja seguridad, del que salió finalmente en agosto de 2013.

Se le recuerda a Guízar Abarca la vez en que la revista Impacto informó que era uno de los litigantes más caros. Él lo rechaza: “Yo nunca les cobro nada por adelantado (a mis clientes). Cuando se acepta un caso de esa naturaleza (como el de Caro) lo primero que se hace es estudiar el expediente para analizar las posibilidades de éxito en la defensa. Eso sí, se cobra bien y lo justo”.

No obstante, dice, hay muchos colegas que apenas agarran un caso de esa naturaleza empiezan a exigir dinero a los familiares de sus clientes, sin garantizar el éxito. Eso ha provocado la muerte de decenas de abogados.

También habla de las vejaciones de que son objeto los defensores, sobre todo cuando van a visitar a sus clientes al reclusorio federal donde, al igual que en las demás cárceles de alta seguridad del país, al auscultarlos les bajan los pantalones, lo esculcan de pe a pa a la entrada y a la salida.

“En una ocasión les pregunté: ¿por qué esa doble revisión? Y ellos me contestaron que para ver que los profesionistas no llevaran oculto un recado a los familiares del interno”, relata el entrevistado.

–Si tuviera la oportunidad de escoger entre defender de nuevo a Caro Quintero o al exdirector del Servicio Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado, Rodolfo Ocampo, ¿por quién optaría? –se le pregunta.

–Yo preferiría a Caro porque es un individuo que basa su acción en su propio esfuerzo y con su propio riesgo.  

Post y Contenido Original de : Proceso