Falta transparencia en México: Thomas Piketty

Falta transparencia en México: Thomas Piketty

Nov 30, 2014 0 Por latlayud
Pascal Beltrán del Río

CIUDAD DE MÉXICO, 30 de noviembre.- En México la desigualdad podría estar subestimada, porque los datos conocidos sobre el tema se basan en encuestas de ingreso y gasto y no en fuentes fiscales, afirma el economista francés Thomas Piketty, autor del exitoso y laureado libro El capital en el siglo XXI.

Director de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, Piketty estará en México esta semana para presentar, en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, la versión en español de su obra, publicada por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

Montado en una ola de crítica a la desigualdad, que ha crecido en el contexto de los últimos años de recesión y escaso crecimiento económico en buena parte del mundo, el autor ha adquirido un aura de celebridad que rebasa los círculos académicos.

El furor que ha causado no comenzó en Francia, donde el libro no alcanzó a meterse entre los cien más vendidos durante las semanas que siguieron a su aparición, en septiembre de 2013. Sin embargo, en Estados Unidos, donde Piketty ha sido catedrático, la obra escaló la cima de ventas de la empresa Amazon la primavera pasada, pese al tema especializado que aborda.

Cuando el autor acudió a la City University of New York para presentarlo, a fines de abril pasado, la asistencia fue tal que se tuvieron que habilitar un par de salas adicionales, con el fin de que cupieran todos los que deseaban escucharlo.

Semejantes multitudes, poco comunes en el ambiente académico, también acompañaron a Piketty en otras ciudades estadunidenses.

Hay que remontarse a los años 70, con Milton Friedman, para encontrar un economista que haya generado tal debate”, describió Will Hutton, columnista de The Observer.

Gurú mundial a la conquista del planeta”, calificó Le Nouvel Observateur al economista de 43 años de edad, en su edición más reciente.

Incluso, el diario Financial Times, que puso en duda las cifras de Piketty sobre la desigualdad generada por el capitalismo, acaba de nombrar su libro como el más importante en materia económica de este año.

La publicación del libro en español —que, igual que la edición en inglés, tiene casi 700 páginas— seguramente incrementará la polémica en torno a las conclusiones de Piketty.

Éstas se pueden resumir así: el capitalismo tiende a la desigualdad y el salario no puede competir con el capital en reproducción de riqueza. La concentración de la riqueza puede terminar por poner en riesgo la democracia si el Estado no toma medidas intervencionistas contra esa tendencia.

Para el también fundador de la Escuela de Economía de París, el capitalismo actual no puede cumplir su promesa de generar prosperidad para todos. Bajo ese sistema, la meritocracia (cada quien tiene lo que se merece y por lo que ha trabajado) es sencillamente una mentira.

Sobre la democracia, sostiene que se ha vuelto esclava del capital, “cuando tendría que ser al revés”.

Mediante un trabajo basado enteramente en datos y saturado de gráficas, Piketty busca demostrar que el periodo 1950-1980, que dio lugar a la clase media estadunidense y el sueño americano, fue una excepción en la vida del capitalismo.

Sostiene que el capital se redujo entre dos y tres veces a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Después de ese conflicto, dice, “no hubo gran cosa que heredar”. En esas tres décadas, “el nivel de vida de 10% de los asalariados mejor pagados era más elevado que el de 10% de los herederos más favorecidos, es decir, los mejores salarios eran más grandes que los mejores rendimientos del capital”.

Sin embargo, a partir de 1980, la gráfica de concentración del ingreso hace una “u”, y, de acuerdo con Piketty, los rendimientos del capital se han vuelto inalcanzables para los asalariados, como ocurría en el siglo XIX. “Si se prolonga la tendencia actual
—vaticina el economista—, hacia 2040 o 2050 las desigualdades serán insostenibles”.

¿Qué propone Piketty para cerrar la brecha? Una medida tan sencilla como polémica: gravar no solamente los ingresos sino el patrimonio.

Antes de viajar a México, el economista accedió a responder varias preguntas de Excélsior.

—Su libro ha tenido un gran éxito en inglés. ¿Qué espera de la edición en español, tomando en cuenta que América Latina es una de las regiones con mayor desigualdad en el mundo?

—¡Estoy muy contento que mi libro esté ahora disponible en lengua española y en toda América Latina! Cada país, cada región del mundo, tiene su propia relación íntima con las desigualdades, su propia historia trepidante.

“En este libro trato de escribir una historia de la repartición del ingreso y los patrimonios en más de 20 países, a lo largo de tres siglos. Uno de mis objetivos es combatir el nacionalismo intelectual, presente en todos los países. Siempre existen alternativas, y mi convicción es que hay mucho que aprender de otros países y de las experiencias internacionales e históricas en materia de desigualdades.”

A diferencia de Argentina, México no es uno de los casos de estudio de la investigación de Piketty.

“Quisiera comenzar por disculparme por el hecho de que México y América Latina están insuficientemente tratados en mi libro”, apunta en la entrevista con este diario.

“Eso se debe a un problema de acceso a los datos y, en particular, a las fuentes fiscales. México y Brasil aparecen como casos de grandes desigualdades en las comparaciones internacionales, pero hay que estar conscientes de que las medidas disponibles tienen, sin duda, una tendencia a subestimar las desigualdades, puesto que están fundamentadas en datos de encuestas (que tienen como base la autodeclaración) y no en fuentes fiscales.

“Mi conclusión general es que todos necesitamos una mayor transparencia sobre ingresos y patrimonios, a fin de conocer mejor cómo se benefician del crecimiento los diferentes grupos sociales, y poder adaptar nuestras políticas fiscales y sociales, con base en información fiable. Esta conclusión aplica de forma especial a México.”

En su libro, Piketty explica que la desigualdad es, sobre todo, un fenómeno político, impulsado por decisiones que la reducen o la hacen crecer. Identifica a la difusión del conocimiento como una “fuerza de convergencia” que sirve tanto para aumentar la productividad como para zanjar las diferencias socioeconómicas.

—¿Cómo poner esas fuerzas en movimiento?

—La principal fuerza de reducción de las desigualdades es la difusión del conocimiento, la capacitación y la educación. Pero eso exige que haya instituciones sociales y educativas muy inclusivas y bien financiadas, lo cual también requiere un sistema fiscal justo y eficaz.

Después de vender casi un millón de ejemplares de su libro —500 mil de ellos en inglés—, Piketty obtuvo un nuevo impulso en la reciente Feria de Fráncfort, el principal encuentro mundial de editores, donde, el año pasado, el FCE tuvo el extraordinario tino de asegurar los derechos para la publicación de la obra en español.

“La primera aparición de Piketty fue en el tradicional foro ‘Das blaue Sofa’, donde se mostró como un académico enamorado de su tema, al que le basta la más mínima incitación para soltar un análisis con múltiples referencias a la historia económica, que a veces ilustra con ejemplos de la literatura”, destacó la agencia EFE.

“Hay un personaje de Papá Goriot, de Balzac, que dice que con el trabajo no se llega a ninguna parte y que lo que hay que tener es capital. A partir de ahí me pregunté si eso era una idea de Balzac o si tenía una base real”, explicó Piketty en Fráncfort.

—Usted propone un impuesto sobre el patrimonio en lugar de enfocarse en el ingreso. ¿Cómo hacer eso sin afectar la innovación?, le preguntó Excélsior.

—Creo que necesitamos, al mismo tiempo, un impuesto progresivo sobre el ingreso y un impuesto progresivo sobre las herencias y el patrimonio. En cuanto a las tasas de gravamen, todo depende al ritmo que progresen los diferentes grupos de ingreso y patrimonio. Si las más grandes fortunas progresan de 7% a 8% anualmente, entonces eso sugiere que es posible pedirles más. Una desigualdad razonable puede ser útil para el crecimiento, pero no una desigualdad extrema. Es por eso que la transparencia es tan importante.

—Usted ha dicho que los países ricos son mucho más ricos de lo que creemos, pero que el problema que tienen es que sus gobiernos son pobres. ¿Cómo cambiar ese problema de organización?

—En el curso de las décadas recientes se vendieron muchos activos públicos, bajo el argumento de atenuar las deudas públicas, las cuales, en ciertos países, incluso han superado las deudas generales, pero vendiendo todas las escuelas, hospitales y otros inmuebles públicos, ciertos países seguirían endeudados. Eso limita la capacidad del poder público de ejercer su papel. En el pasado, las fuertes deudas públicas frecuentemente fueron reducidas mediante la inflación y el repudio de la deuda.

“Yo prefiero el impuesto progresivo sobre el capital privado, que es una forma civilizada de inflación, porque permite proteger a los de menores ingresos.”

Pese a que el título del libro remite a la obra de Carlos Marx, y el pensador alemán está entre quienes han influido en los estudios de Piketty, este economista francés está lejos de ser marxista.

De hecho, Piketty se dice desencantado del discurso de izquierda tradicional.

Nacido en Clichy, en 1971, es hijo de dos activistas estudiantiles de 1968, quienes se conocieron siendo muy jóvenes, en una manifestación.

Sus padres militaron en la organización trotskista Lutte Ouvrière (lucha obrera), pero fueron marginados de ella por haber cometido el pecado pequeñoburgués de tener hijos.

Buscando un nuevo sentido a su vida, la familia se retiró al campo, en el sur de Francia. Para sobrevivir, el padre de Piketty
—parte de una familia acomodada de descendientes italianos de Piamonte— criaba cabras y vendía quesos en el mercado de Perpiñán.

Cuando cumplió la mayoría de edad, Piketty realizó un viaje a Rumania, donde acababa de ser derrocado el dictador Nicolae Ceausescu.

Regresó convencido de que la economía socialista, que genera “negocios cerrados y colas muy largas para abastecerse”, no era la solución.

Esa visita “me vacunó contra la retórica floja anticapitalista”, dijo en una entrevista con The New York Times. “Me quedó claro que necesitamos propiedad privada e instituciones de mercado, no sólo para la eficiencia de mercado sino para la libertad personal”.

Pero si algún fantasma recorre la Europa actual no es el del comunismo sino el del populismo de derecha.

—Usted ha dicho que Europa necesita más unión en el seno de la zona euro. Sin embargo, vemos que la respuesta de los electores a las políticas de austeridad en muchas regiones de Europa muestra una tendencia a entregarse al nacionalismo y la xenofobia. ¿Cómo lo explica?

—Las políticas de austeridad en Europa han sido un desastre. Estoy convencido de que se tomarían mejores decisiones si tuviéramos una Europa más democrática, con un Parlamento de la zona euro, donde cada país estaría representado en proporción a su población (ni más ni menos) y donde se escogería por mayoría el nivel de déficit, el plan de recuperación y los impuestos sobre las grandes empresas y los más ricos. El repliegue nacionalista no es la solución.

 

 

En resumen

Thomas Pikkety considera que el capitalismo ha generado grandes brechas de desigualdad.

  • El capitalismo tiende a la desigualdad y el salario no puede competir con el capital en reproducción de riqueza. La concentración de la riqueza puede terminar por poner en riesgo la democracia si el Estado no toma medidas intervencionistas contra esa tendencia.
  • El capitalismo actual no puede cumplir su promesa de generar prosperidad para todos. Bajo ese sistema, la meritocracia (cada quien tiene lo que se merece y por lo que ha trabajado) es sencillamente una mentira.
  • Sobre la democracia, sostiene que se ha vuelto esclava del capital, cuando tendría que ser al revés.

 

Post y Contenido Original de : Excelsior

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