Ventana

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    La suma de todos los venenos…

     

    La desaparición de los 43 de Ayotzinapa no es sólo un caso criminal, es una tragedia nacional que ha provocado la peor crisis del sexenio.

     

    Tres argumentos llevaron a Los Pinos los familiares de los normalistas secuestrados: enfocar las investigaciones sobre la premisa de que los jóvenes están vivos, y no en fosas clandestinas o el lecho de río Cocula; que no se les criminalice con el pretexto de la infiltración del crimen organizado en las aulas, y lo más difícil, la reparación del lo que se perfila como un daño irremediable. “Hay que estar preparados para el peor escenario”, nos dijo el gobernador Rogelio Ortega.

     

    Los agraviados recibieron respuesta presidencial. Enrique Peña Nieto, solidario con la indignación e impaciencia de los agraviados, reveló una serie de compromisos firmados para fortalecer la búsqueda de los desaparecidos con una estrategia renovada, y llegar a la verdad, “tope donde tope”.

     

    Se repite aquella historia del enfrentamiento de Felipe Calderón con los reclamos de Javier Sicilia –el poeta rebelde– por una paz con justicia y dignidad. En materia de respeto a los derechos humanos, el tiempo mexicano está congelado.

     

    Independientemente de los detalles, sorprende la manera como los hechos irrefutables arrinconan al Gobierno.

     

    Para los integrantes del Comité de familiares de los desaparecidos, quienes acusan vivir un infierno, la respuesta oficial no resulta confiable hasta en tanto no aparezcan con vida los desaparecidos. Para ellos y para todos, esta es una emergencia nacional ante la cual el Estado no ha respondido como requiere un momento crucial.

     

    No sólo se trata de conocer la verdad jurídica detrás el secuestro de los normalistas victimizados por policías en contubernio con sicarios, sino también de explicar el pantano de venenos en el cual se hunden las instituciones municipales, estatales y federales.

     

    Lo urgente –sin duda– es encontrar vivos o muertos a los desaparecidos, pero el esfuerzo de la mayor investigación realizada hasta ahora por la PGR para descubrir el paradero de los jóvenes secuestrados no debe alejarnos del fondo que carcome las entrañas institucionales.

     

    Primero está el tema de la justicia. Nada se agota con la aparición de los jóvenes, como nada se ha resuelto con la salida de Ángel Aguirre Rivero, ni terminará con la eventual captura del ex alcalde de Iguala.

     

    México y el mundo demandan aclarar y castigar no sólo a los responsables materiales e intelectuales del secuestro de los estudiantes, sino lo más difícil, acabar de rezar el último misterio de un rosario de errores, omisiones, corrupciones y pecados criminales.

     

    El Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) no detectó los focos rojos encendidos por las acciones ilícitas cometidas por el alcalde José Luis Abarca, y sí lo hizo, lo ignoró; el PRD, apremiado por la insaciable búsqueda de triunfos políticos no revisó la reputación de su candidato impresentable; el gobernador Ángel Aguirre no hizo algo para impedir la fuga del edil; la PGR tardó una eternidad en reaccionar; el presidente Peña Nieto falló al medir el tamaño de la crisis al acotarla, en un principio, sólo al ámbito guerrerense.

     

    Así, todo los venenos suman… y la historia nacional se muerde la cola.

     

    Este pavoroso caso no tendrá final feliz aún cuando exista una leve esperanza de encontrar vivos los desaparecidos. No habrá justicia si no pagan los culpables materiales e intelectuales del crimen. Tampoco acabará la impunidad, mientras no conozcamos la identidad de los muertos sin identidad, sin nombre ni apellido, los cuales sí aparecen uno y otro día, y a quienes nadie buscaba en aquel cementerio… donde muchos quisieran ver reposar a tantos vivos.

     

    EL MONJE LOCO: Sobre el muerto, las “Coronas”… las Tecates y las XX. Miguel Ángel Osorio Chong entierra aún más el cadáver político de Ángel Aguirre. El secretario de Gobernación afirma haber solicitado al ex gobernador guerrerense la severa vigilancia del alcalde José Luis Abarca para evitar su fuga; el gobierno federal sabía que el edil y compinches “compinchísimos” andaban en los peores pasos. Aguirre incumplió la sugerencia, advierte Osorio Chong a la periodista Adela Micha en Grupo Imagen Multimedia… y le carga más calor a Aguirre, por si se ofrece… y qué tal el efímero alcalde igualteco Luis Masón, quien duró en al cargo menos que un suspiro…

     

    @JoseCardenas1 | [email protected] | josecardenas.com.mx

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    Post y Contenido Original de : Quadratin Estado de México

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